¿Qué pasa con el Banco Privado de Inversiones?

Como expliqué en una entrada anterior, tengo una cuenta en el Banco Privado de Inversiones. Si no lo conocés, no te preocupes, no es un banco del mainstream: es de capitales nacionales y tan solo cuenta con dos sucursales, una línea de atención telefónica y una pagina web. ¿Suficiente motivo para desconfiar?

He de parecer bastante estúpido al contar con una cuenta en un banco de semejantes características, pero en verdad la razón es bastante sencilla: no cobran ninguna comisión por el mantenimiento de la cuenta ni tampoco los movimientos a través de internet o cualquier cajero de las redes Banelco o Link, sea nacional o internacional. Este es un servicio que ningún banco argentino ofrece en forma gratuita, y es sumamente práctico a la hora de realizar extracciones de tu cuenta, ya que no tenés que andar buscando un cajero de la red de tu banco o andar calculándole las comisiones que te pueden llegar a cobrar por éso.

El banco, entonces, se jacta de ofrecer algo bautizado como Smart Banking: la optimización de costos y tiempos a través de operaciones reducidas en sucursales, con énfasis en la atención a distancia (por teléfono e internet).

Nunca visité ninguna de sus sucursales: la apertura de la cuenta se realizó en el hall de entrada de mi casa, donde con la presencia de un honorable motoquero que me acercó los papeles, firmé el contrato de apertura de la cuenta. El hecho de que una de ellas estuviera localizada en la Avenida Alvear debería dar a pensar en un prestigio extra. El hecho de que la hayan trasladado (término sutil para decir «nos mudamos a un local más barato») a otro barrio, da motivos para preocuparse.

La atención telefónica me pareció tan mala como la de cualquier otra empresa, pero tampoco me dieron demasiados problemas como para andar realizando llamadas y testeando más profundamente su servicio.

Y así llegamos a la tercera pata del smart banking y quizás, la más importante: Internet. El sistema de Home Banking del Banco Privado deslumbra por su sencillez y precariedad. No ahondaré en detalles técnicos o funciones mal desarrolladas, simplemente diré que en su sistema tan solo se hospedan los extractos de cuenta bancaria y de tarjetas de crédito, el resto se encuentra terciarizado en los sitios web de Banelco y Red Link. Pero no es eso lo más grave, sino que hace ya varias semanas estoy teniendo más problemas de los habituales para siquiera acceder al sitio web del banco. A veces no responde, pero el error que me acaba de tirar es simplemente alarmante:

Not Found

The requested URL http://www.bancoprivado.com.ar/ was not found on this server.

De hecho, el sitio ni siquiera figura en Google, lo cual deja una pauta de que no está operativo (o no con un uptime digno de ser indexado) hace un buen tiempo. Es que un banco, por más que esté mudando su sitio web de servidor o haya sido atacado por hackers (aunque esto probablemente hoy significaría su quiebra), tiene que tener un sistema de respaldo, o mínimo una página que advierta de tales cosas. Y realmente dudo que sea alguno de estos los motivos por el cual me sale ese mensaje.

Obviamente, desde que comenzaron estos problemas, mi cuenta se encuentra prácticamente vacía y sólo la utilizo para movimientos de emergencia. Pero el hecho de que basen su estructura operativa en internet más intensamente que cualquier otro banco (básicamente por sus pocas sucursales), hace aún más grave esta situación.

Me puse a investigar a ver si encontraba algún otro blogger, o siquiera un medio de comunicación que hiciera referencia a la quiebra o al cierre de este banco, pero no encontré información. Supongo que mañana llamaré para asentar mi queja al respecto (aunque como buen argentino, ya sé la atención que le prestan a éstas).

Actualizado: Siendo de madrugada, el servicio de atención telefónica no funciona. Pero el hecho de que una máquina me atendiera y respondiera mi saldo en pesos me reconfortó levemente.

Actualizado 2: Ahora que funciona el sitio (quién sabe, quizás como un banco sólo se encuentra operativo en horario bancario) intenté enviar un reclamo por el sitio web y me marca persistentemente error.

Actualizado 3: Dado el alto nivel de spam, se ha decidido reactivar la revisión de comentarios hasta nuevo aviso.

¿Se acerca el final de BitBox?

Recién leía en Encerrados Afuera acerca del posible cierre de BitBox (o al menos su levantamiento de las grillas de las operadoras de cable de la Ciudad de Buenos Aires), y lo cierto es que cuando me enteré del lanzamiento de Quiero, me imaginé lo mismo.

Quiero es el próximo canal de televisión latina del Grupo Clarín, la antítesis absoluta de BitBox. Prometen mucho reggaeton, baladas y cumbia latina, de la mano de Daisy May Queen y del Bebe Contempomi. *gritos de terror*

Pensemos: Grupo Clarín no solo será dueño de Quiero, sino que también posee las dos cableoperadoras que monopolizan el mercado en Capital: Multicanal y Cablevisión. Sabemos que al conglomerado no le tiembla la mano cuando quiere que posicionar sus canales, hasta el punto de desobedecer las ordenes del gobierno. ¿O qué sucedió con la ordenanza del COMFER de mover a TN de lugar? Ni que hablar de sus canales Volver, o hasta los intragables Metro o Magazine, de los cuales ahora tengo la desgracia de disfrutar en mi grilla de Cablevisión.

Además, BitBox es propiedad del Grupo Telefónica, el otro gran conglomerado nacional y por ende, archinémesis de Clarín. A la hora de levantar un canal musical (y digámoslo: 5 canales de música es demasiado, 6 ya sería un exceso) ¿cuál van a levantar? ¿El inmortal y despreciable CM o el endeble BitBox?

Sin contar que desde su lanzamiento no se ha sabido ni una palabra de tal canal, ni por gacetillas, ni por prensa. Tal es el caso que no pude encontrar ni un logo del canal para ilustrar este post, y hasta el sitio BitBox Radio no funciona correctamente. Parece ser un canal que va a morir antes de nacer.

Otro factor es que si bien para nosotros es genial no ver la programación interrumpida por publicidad, lo cierto es que para la gerencia de BitBox no debe serle de mucha gracia.

BitBox parece tener los días contados, y su final llegaría el 1º de agosto. Espero estar equivocado.

Confirmado – El lunes 4 de agosto muere BitBox y nace Quiero.
Crónica de una muerte anunciada.

T4F: It’s time for a web

Hace unos días hablaba del pésimo sitio web del segundo canal de mayor audiencia de Argentina. Hoy me toca comentar la no-web (esta vez, literal) de la mayor productora de espectáculos del país (también en Brasil y Chile): T4F o Time For Fun (ex CIE Argentina). La empresa se encarga de la organización de shows musicales (como la llegada de Madonna, Cirque Du Soleil o la popularísima Creamfields), es propietaria de la filial local de Ticketmaster (servicio de venta de entradas) y del teatro Ópera. Estamos hablando de una empresa que mueve millones de dólares, y no es capaz de generar un sitio web corporativo para informar de sus eventos, como es el caso de sus pares Fenix y DGE, o de hasta su filial chilena. Ni en los tiempos de CIE, cuando sus propietarios eran mexicanos, la empresa tuvo un sitio web. En este año la empresa cambió de manos y de dueños, y lo único que cambió es que el dominio www.t4f.com.ar (dominio de la empresa) ahora te saluda con un amable HOLA.

Repentino rompimiento

De forma repentina, y por primera vez desde 1917, el glaciar Perito Moreno comenzó a mostrar signos de un nuevo derrumbe. Repentina, porque hace tan sólo un año fue la última de un fenómeno que suele repetirse cada cuatro o cinco años. Repentina, también porque se da en medio del invierno austral. ¿Aún siguen negando el calentamiento global?

Para los voyeurs, pueden ver el rompimiento a través de la transmisión en vivo de ePatagonia.

Carriles exclusivos en Buenos Aires

La ciudad de Buenos Aires se encuentra colapsada por el tránsito vehicular. Como conductor lo sufro día a día. Dos cosas que me molestan enormemente son que al llegar a Pacífico es el congestionamiento que causan los colectivos que se cruzan libremente (si total la unidad que conducen no es de ellos, pueden hacerte mierda el coche y nadie los controla) y lo lento que van los taxis vacíos (aunque esto lo entiendo y tolero).

Por eso el gobierno de la ciudad dispuso, entre otras medidas, extender la red de carriles exclusivos para el transporte público. Actualmente, los carriles exclusivos son los dos de la derecha de las avenidas y pueden ser utilizados únicamente por colectivos y taxis ocupados. Y esto es algo que yo no entiendo. Si estamos acostumbrados a tomar taxis en la vereda derecha, ¿porqué entonces no van los taxis vacíos -y no los ocupados- por esos carriles? Los colectiveros dicen que eso relentizaría el transporte. Pero los taxis vacíos siempre van por el carril derecho y además pueden utilizar el segundo carril para aumentar su velocidad. Así, taxis llenos podrían ir por los carriles asignados para el transporte particular, y los vacíos en los dos de la derecha, junto a colectivos, contentando a todos.

¿Quién se encuentra a cargo del país? Parte II

Hoy veía en Perfil.com los resultados de la encuesta «¿Quién cree que está detrás de la estrategia oficial en el conflicto del campo?». El 95% de los más de 7500 votantes decía que es Nestor Kirchner, el 4% restante (sic) apunta a Cristina. Obviamente, estamos hablando de la versión digital del periódico probablemente más opositor al gobierno. La pregunta disparadora de este sondeo oculta una que yo ya me había hecho hace un tiempo. Y lo que me asombra es que su marido tenga mejor imagen que ella (según la consultora Giacobbe y Asociados, 28,8% y 19,9%, respectivamente). Esto indica que a pesar de todo algunos argentinos sigamos pensando con la retrógrada teoría empirista del «con tal nos iba mejor». No por nada un cuarto de la población volvió a votar a Carlos Menem en el 2002, quedándose con la mayoría relativa. De hecho, un columnista del mismo diario habla de Cristina como víctima a quien hay que proteger de Nestor.

Por otro lado, un diario crítico del gobierno, se vio aparentemente desbordado de visitas y habilitó una versión de emergencia con información del conflicto únicamente, recordando a los casos de Clarín y La Nacion cuando fueron los atentados del 11 de septiembre de 2001, o los cacerolazos de diciembre de dicho año.

La impunidad de los trapitos

Cronista.comRecién leía en Infobae acerca de la indignación de un ciudadano respecto de la estafa de los cuidacoches. Para aquellos que no viven en el país, cuidacoches o trapitos (porque siempre tienen un trapito en la mano) son personas que te cuidan el coche en la calle. No tan amablemente, generalmente se creen en su derecho de cobrarte ilegalmente el estacionamiento en la vía pública, simplemente «por estar ahí», cuidando tu auto. Claro que si no les pagás, te tenés que atener a las consecuencias, que pueden ir de la rotura de un vidrio a un rayón en la chapa.

Mi última experiencia con uno de ellos no fue muy grata. No suelo ir a la facultad en auto porque me gusta el transporte público (el 65, en particular), contamina y gasta menos. Pero básicamente porque el tránsito en la ciudad de Buenos Aires es un verdadero infierno. No al estilo DF, que está siempre congestionado y contaminado (aunque vamos en camino a éso), sino por la mala manera en que manejamos los porteños.

La semana pasada estaba haciendo unos trámites y aproveché para llevar el auto. No lo estacioné en la cuadra de la facu porque siempre hay algún cuidacoches. Por suerte la zona (Parque Centenario) no es tan poblada y estos sujetos no se ven tan frecuentemente como en otros barrios de la ciudad. Así que lo estacioné a la vuelta. ¡Para qué! Ví aproximarse a uno de esos sujetos, pero ya había estacionado y era muy tarde. Resignado, bajé del auto y chequeé a ver si tenía algo de plata. Un billete de $10. ¡Maldición! Nada de cambio. Entonces con la mejor cara le digo «No tengo cambio, si querés ahora pido cambio y a la vuelta te pago», sabiendo que a la vuelta probablemente no estaría, a lo que me respondió que no me preocupara, que él me proveía de cambio. Eran las 19 hs y no tenía ganas de gastar plata para tener cambio para este tipo. «Bueno, pero vas a estar para cuando vuelva, ¿no?». «Sí, despreocupate, papá» (sic).

Le dí mis $10 y sacó su billetera. ¡Desbordaba en billetes! No exagero, y lo peor es que no era todo cambio, habían varios de alta denominación (obvio, ¡si ganan más que un maestro!). Mi bronca se incrementó cuando me devolvió $8. Hice obvio mi fastidio y me dijo que no me preocupe, que le iba a dar una lavadita al vidrio delantero que, sinceramente, aún estaba hecho una mugre de mi último viaje a Pinamar.

Cuatro horas después, había salido de la facultad, el tipo se había ido y el vidrio aún era una mugre. Puteé en varios idiomas y perjuré no volver con el auto a la facultad, o al menos no estacionarlo cerca.